Ludwig Wittgenstein, filósofo y matemático, decía: “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Y si lo traemos a nuestra vida diaria, significa que mientras más palabras tengamos para expresar lo que pensamos y sentimos, más amplia será nuestra forma de vivir.

Lo mismo pasa con las emociones positivas. No es lo mismo decir “estoy feliz” que poder expresar “siento gratitud”, “me siento pleno”, “tengo ilusión”. Cada palabra añade una capa de riqueza a la experiencia.

También en lo cotidiano: Leer un libro: cada página puede ofrecerte expresiones que amplían tu visión del mundo.Conversar con otras personas: escuchar y adoptar sus palabras te da nuevas herramientas para pensar.

La enseñanza es clara: cuidar y enriquecer nuestro lenguaje es cuidar y enriquecer nuestro mundo interior. Cuando tenemos más palabras, tenemos más caminos para entendernos, más puentes para conectar con los demás y más claridad para enfrentar la vida.

En lo más sencillo, ampliar tu lenguaje es ampliar tu vida.