Cuando el sol se oculta en el firmamento, no es el triunfo de las tinieblas, sino el despertar del fuego interno.

En la cosmovisión de nuestros ancestros, la leyenda cuenta que cuando el Miztli —el felino sagrado que representa la parte nocturna— se devoraba al sol, lo hacía como si este fuera una gran tortilla solar.

Esta profunda conexión con el astro rey siguió llevándose a cabo en los pueblos originarios, donde existía la costumbre diaria de partir una tortilla en cuatro porciones para ofrendarla respetuosamente al sol.

Sin embargo, el único día en que ritualmente se permitía y se recreaba este comimiento de la tortilla completa era precisamente durante los días de eclipse solar.

Este eclipse en Leo (Miztli) no es un llamado a la acción externa, sino un portal hacia el autodescubrimiento espiritual.

Al oscurecerse el cielo, la mirada se vuelve hacia adentro, revelando que nuestra verdadera fuerza no depende del brillo exterior, sino de la sabiduría que habita en las sombras de la introspección.

Esta herencia sagrada nos lleva hoy a honrar nuestra propia tortilla solar: nuestro sol interior.

Es el momento cósmico para silenciar el ruido del ego, abrazar la quietud y permitir que el espíritu se alimente, se sustente y se renueve espiritualmente desde su propio centro.

Cuando el sol vuelve a brillar, no lo hace igual; renace con la templanza y el poder de quien ha caminado por su propio universo interior.

Para anclar esta energía de renacimiento en tu plano terrenal, enciende una vela blanca y escribe en un papel aquello que deseas soltar; debajo, plasma con fuerza la intención que quieres manifestar.

Conecta con el silencio de tu alma y repite con profunda convicción tres veces:

«Libero el pasado, activo mi luz y recibo con amor los nuevos comienzos del universo».

Cuando el sol vuelva a brillar, no lo hace igual; renace con la templanza y el poder de quien ha caminado por su propio universo interior y ha honrado su luz divina.

#Kalmekak

#Huehueteot