La Atlántida fue un continente largo e inmenso que estaba situado en el océano que lleva su nombre, el océano Atlántico. Obviamente ese continente en principio tuvo su Edad de Oro.

Los atlantes hicieron cohetes atómicos en los que viajaron a la Luna y a otros planetas del Sistema Solar, yo viví en la Atlántida y puedo dar testimonio a ustedes de eso.

No obstante había varias ciudades, había un cosmo-puerto maravilloso, de ese cosmo-puerto, salían naves cósmicas, cohetes atómicos a uno u otro planeta del Sistema Solar.

La civilización atlante todavía no ha podido ser superada por nuestra tan cacareada civilización moderna.

Conocieron la energía atómica y la utilizaron en la guerra y la paz. La ciencia atlante tuvo la ventaja de estar unida a la magia; se fabricaron robots extraordinarios, cierto tipo de elementales superiores controlaban dichos robots que, dotados así de inteligencia, parecían seres humanos y servían fielmente a sus amos.

Cualquier robot podía informar a su dueño de los peligros que le acechaban y, en general, sobre múltiples cosas de la vida práctica.

Tenían los atlantes máquinas tan poderosas y maravillosas, como aquella que telepáticamente podía transmitir a la mente de cualquier ser humano preciosa información intelectual.

Las lámparas atómicas iluminaban los palacios y templos de paredes transparentes. Las naves marítimas y aéreas fueron impulsadas por energía nuclear.

Los atlantes aprendieron a desgravitar los cuerpos a voluntad. Con un pequeño aparato que cabía en la palma de la mano, podían levantar cualquier cuerpo por pesado que éste fuera.

El dios Neptuno gobernó sabiamente la Atlántida. Era de admirarse y verse el templo sacratísimo de este santo dios. Las paredes y muros plateados de dicho templo asombraban por su belleza y las cúpulas y techos eran todos de oro macizo y de la mejor calidad.

El marfil, el oro, la plata, el latón, lucían dentro del templo de Neptuno con todos los regios esplendores de los antiguos tiempos.

La gigantesca escultura sagrada del muy venerado y muy sublime dios Neptuno era de oro puro toda.

Aquella inefable estatua misteriosa, montada en su bello carro arrastrado por exóticos corceles y la respetable corte de cien nereidas, infundían en la mente de los devotos atlantes profunda veneración.

Las ciudades atlantes fueron florecientes mientras sus habitantes permanecieron fieles a la religión de sus padres, mientras cumplieron con los preceptos del dios Neptuno, mientras no violaron la ley y el orden.

Los sacerdotes de Sais dijeron a Solón: «Todos cuantos cuerpos celestes se mueven en sus órbitas sufren perturbaciones que determinan en el tiempo una destrucción periódica de las cosas terrestres por un gran fuego».

El continente atlante se extendía y orientaba hacia el austro y los sitios más elevados hacia el septentrión, sus montes excedían en grandeza, elevación y número a todos los que actualmente existen.

La famosa historia del Diluvio Universal, cuyas versiones se encuentran en todas las tradiciones humanas, es simple recuerdo de la gran catástrofe atlante.

Todas las enseñanzas religiosas de la América primitiva, todos los sagrados cultos de los incas, mayas, aztecas, etc., los dioses y diosas de los antiguos griegos, fenicios, escandinavos, indostaníes, etc., son de origen atlante. Los dioses y diosas citados por Homero en la Ilíada y la Odisea, fueron héroes, reinas y reyes de la Atlántida.

La Atlántida unía geográficamente a la América con el viejo mundo. Las antiguas civilizaciones indo-americanas tienen su origen en la Atlántida. Las religiones egipcia, inca, maya, etc., fueron las primitivas religiones atlantes.

El alfabeto fenicio, padre de todos los alfabetos europeos, tiene su raíz en un antiguo alfabeto, que fue correctamente transmitido a los mayas por los atlantes.

Todos los símbolos egipcios y mayas provienen de la misma fuente y así se explica la semejanza, demasiado grande para ser casualidad. Los atlantes tenían un metal más precioso que el oro, se llamaba «orichalcum».

La catástrofe que acabó con la Atlántida fue pavorosa. No cabe duda alguna que el resultado de violar la ley es siempre catastrófico. La época de sumergimiento de la Atlántida fue realmente una era de cambios geológicos. Emergieron del seno profundo de los mares otras tierras firmes que formaron nuevas islas y nuevos continentes.

Algunos sobrevivientes de la catástrofe atlante se refugiaron en el pequeño continente llamado Grabonzi, hoy África, el cual aumentó de tamaño y extensión debido a que otras áreas de tierra firme, que emergieron de entre las aguas vecinas, se sumaron al mismo.

El Golfo de México antiguamente fue un hermoso valle. Las islas de las Antillas, las Canarias, España, son pedazos de la sumergida Atlántida. El antiguo mar de Kolhidius, situado al noroeste del continente recién formado entonces y conocido como Ashhartk (Asia), cambió de nombre y hoy se conoce con el nombre de Mar Caspio.

La medicina sacerdotal atlante descubrió por aquella época lo que hoy podemos llamar científicamente LA OPOTERAPIA HUMANA, es decir, la aplicación a los enfermos y caducos de los jugos glandulares de pituitina, tiroidina, adrenalina, etc., etc.

Los médicos sacerdotes no sólo utilizaban la química de dichas glándulas endocrinas, sino también la hiper-química de tales glándulas, los fluidos psíquicos vitales de los chacras o centros magnéticos del cuerpo humano, íntimamente relacionados con tales centros endocrinos.

Las víctimas de la inmolación; después de ser retiradas de las piedras de sacrificio, eran llevadas a ciertas cámaras secretas, donde los sacerdotes médicos extraían de los cadáveres las preciosas glándulas endocrinas, tan necesarias para conservar el cuerpo de la reina fatal, con todo su encanto y la belleza de una juventud que soportó el peso de los siglos, muchos siglos.

Lo más espantoso de aquello era que los sacerdotes, después de extraer las glándulas de los cadáveres, arrojaban estos a las fanáticas muchedumbres envilecidas que sedientas se los devoraban.

Así esos pueblos se volvieron antropófagos.